Sanando el Dolor

Las personas que son víctimas de cualquier forma de violencia sea étnica, racial, religiosa, mental, física entre otras,  los discriminados por condición de género, orientación sexual, aquellos que padecieron violación, esclavitud sexual, muerte prematura, incluido el aborto, cualquier forma de privación de libertad arbitraria, así como cualquier manifestación en la cual se violente la dignidad del ser humano, sin importar si la exclusión o discriminación ocurrió de manera aparentemente voluntaria como las practicadas en las relaciones de dominación seducción (D/S), cualquier forma de castigo corporal y humillación inflingidos a través de prácticas religiosas o espirituales, e iniciaciones en grupos juveniles y pandillas,  crean un profundo dolor en el espíritu de quien los padece y en el de sus familiares.

Una vez ocurrido el episodio o episodios, los hijos de aquellos y aquellas que sufren, padecerán los destinos familiares del dolor. El intenso dolor de la humillación, la separación, la exclusión, la pérdida y la injusticia, crea conceptos, ideas, explicaciones y justificaciones que en su conjunto delimitan la forma de vida y la manera de mirar el mundo, con lo cual se perpetúan los prejuicios existentes y se construyen los nuevos. Estas conductas e historias crean relaciones complejas entre víctimas y perpetradores que se transmiten de una generación a otra, en ambos casos amando profundamente a nuestros ancestros representamos y vivimos su dolor; esto significa que personas inocentes tendrán que pagar las consecuencias de los asuntos no concluidos de sus antepasados.

Recordemos que las Constelaciones Familiares son un método fenomenológico que busca el origen de la situación recurrente, conflicto o conducta “extraña” y guía hacia la resolución de la misma. Esta nueva visión pone en evidencia la intersección entre lo político, social, cultural e intrafamiliar. Cuando trabajamos con las Constelaciones Familiares, se revela la declaración inconciente que el sistema familiar realiza cuando ha habido injusticias que se han cometido sea dentro del núcleo familiar o en contra de otro sistema, lo cual determina los destinos familiares. Esos hallazgos de las Constelaciones Familiares, cuando se colapsan dos sistemas distintos son denominados “Movimientos del Alma“. Así los Hijos de perpetradores se identificarán con los destinos de sus víctimas manifestándose esto en suicidios, enfermedades serias, formas de esclavitud, prácticas sexuales no convencionales, juegos sociales de violencia y exclusión, entre otros. El dolor de las víctimas es un peso que cargarán las generaciones subsecuentes, pudiendo crear sentimientos inexplicables de tristeza, odio, venganza, generando conductas aparentemente inexplicables que no son completamente comprendidos y que quizá no se justifiquen en la experiencia de su propia vida.

La terapia sistémica fenomenológica con 30 años de experiencias, generalmente se implementa a través de talleres terapéuticos que apoyan el dar respuesta a la pregunta: ¿Por qué actuamos como lo hacemos? Dado que a veces, hacemos cosas que de manera racional, sabemos que nos van a causar daño, pero continuamos haciéndolo una y otra vez a pesar de sus efectos dolorosos, estas conductas se presentan en todos los ámbitos del ser humano.

La terapia más que una ciencia es un arte. En ella se tiene que abordar la información del sistema familiar, averiguar sobre personas a las que no conocimos o que no sabíamos que existieran. Realizando preguntas como ¿existe un grupos de personas o existió alguna persona en el sistema que fue esclavo, un asesinato, hubo algún aborto, algún trasvertí, un homosexual, una querida, algún hijo no reconocidos o entregado a otra familia?, siempre que encontramos uno de estos casos en el sistema, podemos intuir que alguien posterior rendirá un homenaje desde el corazón, honrará a estos miembros de la familia, viviendo su historia, hasta que éste sea reconocido junto a su destino.

Por los que vendrán y por nosotros mismo es adecuado colocar las responsabilidades en quien corresponde, reconociendo el destino del que fue, pues es la “única manera de ser adultos“, tener culpa o compensar de manera extraordinaria, no ayuda a nadie, no equilibra la carga, ni transforma la conducta o situación, no podemos vivir expiando el dolor de otros ni amando de forma inconsciente a los ausentes, con las constelaciones podemos reconocer que donde está lo que más nos duele, está nuestro amor invisible a la familia y es posible sanar.

Los humanos hasta ahora hemos alcanzado maestría en producir, infligir y soportar dolor, comencemos a alcanzar la maestría de la plenitud, el gozo y la verdadera felicidad.