EL GRAN CONFLICTO

medicos en la calle

 

El deseo de aniquilar 

“Todo conflicto grande busca apartar algo del camino y llegar a aniquilarlo. Detrás de estos conflictos actúa el deseo de aniquilar. ¿Cuáles son las fuerzas o temores que alimentan ese deseo? Se alimenta, sobre todo, del deseo de sobrevivir. Cuando nuestra vida se ve amenazada, reaccionamos huyendo – es decir, huimos para evitar que otro nos aniquile – o bien atacamos, es decir, que intentamos aniquilar al otro, o al menos obligarlo a huir. Quitar de nuestro camino a otra persona, o a un obstáculo que se interpone, es el punto máximo en el deseo de aniquilar.

En tales momentos, por lo general, no sólo se trata de matar al otro, sino también de apropiarse tanto de él como de todo lo que le pertenece. También eso sirve para sobrevivir. Es verdad que el canibalismo nos espanta, pero sólo en apariencia. Porque aún hoy existen personas que, en ciertas situaciones, se aseguran la supervivencia a costa de otros. Con frecuencia es inevitable que, para poder sobrevivir, incorporemos a nosotros mismos aquello que hemos aniquilado. Es verdad que también nos alimentamos con lo que la naturaleza nos ofrece por su propia voluntad – sus frutos, por ejemplo. Pero, en otras ocasiones, primero debemos matar para luego poder incorporar aquello a nosotros. Eso ocurre, sobre todo, con los animales.

¿Son tan inhumanos estos conflictos? Me estoy refiriendo en especial a los conflictos mortales. En una situación de máxima necesidad no podemos escapar de ellos. Por un lado, los conflictos aseguran la supervivencia, mientras, por otro, la amenazan. Es por esto que, desde el comienzo, el hombre también ha intentado solucionar sus conflictos en forma pacífica. Por ejemplo, ha establecido acuerdos y definido fronteras; ha formado grupos más pequeños que se rigen por leyes y comparten la conducción. De este modo, un orden legal mantiene a los conflictos mortales dentro de ciertos límites, en especial mediante el monopolio de poder de un gobernante, quien limitará la acción de individuos o subgrupos cuando éstos busquen solucionar sus conflictos de forma violenta.

Este orden es externo. Se basa, por un lado, en un acuerdo. Especialmente se basa en el temor al castigo máximo: la exclusión del grupo y la pena de muerte. Es decir: este orden se impone por la fuerza, y, por tanto, constituye, al mismo tiempo, un conflicto y una lucha. Sin embargo, este conflicto responde a un orden que está al servicio de la supervivencia del grupo y de cada uno de sus miembros. Por consiguiente, el orden legal pone límites al deseo individual de aniquilar, y, cuando éste se desborda, la persona y el grupo quedan protegidos por el orden legal. Si estos límites no son respetados, como ocurre en la guerra o cuando colapsa el orden legal – en caso de revolución, por ejemplo – entonces el deseo primario de aniquilar estalla y sus consecuencias son desastrosas.”

EL DESPLAZAMIENTO DEL DESEO DE ANIQUILAR

“En grupos donde el orden legal protege al individuo de los efectos del deseo de aniquilar –propio y ajeno- hay veces en que el deseo de aniquilar queda desplazado a otros niveles. Por ejemplo, se desplaza al campo de la política y también a muchas disputas científicas e ideológicas.

En todos los casos en los que se abandona el plano de la objetividad queda a la vista, con frecuencia, el hecho de que en esos campos también opera un deseo de aniquilar. En lugar de encarar una búsqueda conjunta hacia la mejor solución y una observación y un examen conjuntos basados en el tema a tratar, los representantes del otro partido o de otra tendencia son difamados a nivel personal, muchas veces con calumnias e injurias. Las agresiones que se abren paso aquí se diferencian poco del deseo de aniquilación físico. Como éste aspiran desde la emoción y desde la intención de aniquilar al otro, por lo menos en el aspecto moral, declarándolo enemigo del grupo – con todas las consecuencias que ello supone.

¿Puede el individuo protegerse ante esto? No. Queda a merced de este conflicto aunque no se involucre. Como respuesta a ese tipo de agresiones corre peligro de sentir, en su interior, el mismo deseo de aniquilar y, también de no poder evitar ser poseído por ese deseo.”

LA JUSTICIA

 

”La energía que sustenta estas controversias no proviene solamente del deseo de sobrevivir, también surge de una necesidad común a todos los seres humanos: la búsqueda de compensar lo que dan y lo que toman, la tendencia a equilibrar ganancias y pérdidas. Algo que también conocemos como la necesidad de obtener justicia. Sólo nos tranquilizamos una vez se ha alcanzado la compensación. Por ello la justicia es para nosotros un bien muy preciado.

 ¿Pero lo es en todos los casos? ¿O lo es solamente en un marco limitado, cuando se trata de compensar por vía pacífica? Porque la necesidad de obtener justicia tiene consecuencias completamente distintas cuando se trata de compensar daño y pérdida.

Lo explicaré mediante un ejemplo. Cuando una persona nos perjudica, buscamos venganza. También nosotros queremos hacerle daño, como una manera inmediata de compensar. En nuestro interior surgen el deseo de sobrevivir y el de aniquilar. En parte debido a la necesidad de compensar – es este caso buscando justicia. Queremos evitar que el otro nos vuelva a hacer daño, a lastimarnos.

Por ello, cuando nos vengamos, a menudo vamos más allá de la necesidad de compensar y hacer justicia. Queremos que sufra más que lo que hemos sufrido nosotros por su culpa. Entonces también el otro busca justicia y venganza, y, el conflicto nunca se acaba.

En este caso, hacer justicia es un pretexto para vengarse. El deseo de aniquilar vuelve a abrirse paso, esta vez en nombre de la justicia.”

Bert HELLINGER (2008)

EL AMOR DEL ESPÍRITU. UN ESTADO DEL SER.

 pp.181-182.