MIRAR A TU FAMILIA, ES MIRAR QUIÉN ERES

UNA MIRADA SISTÉMICA A TU VIDA

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“El proceso de transformación de estar en paz con tu historia es precedido por la aceptación de todas las experiencias que han ocurrido en tu vida”

Peggy Phonix Dubro

 

La vida es sostenida a través de un orden, el cual es necesario comprender y respetar para conservar el bienestar de las comunidades, grupos, familias e individuos, de la misma forma que es vital respetar las leyes de la naturaleza y del universo, reconocer los órdenes que gobiernan las relaciones humanas es trascendental.

A pesar de que muchas veces irrespetamos la pertenencia y el origen en la sociedad, todos los miembros de una familia y de un pueblo tienen un sentido de pertenencia innato. Si algún miembro es excluido, aunque sea por un motivo aparentemente razonable, esto crea un desequilibrio en el sistema familiar, que posteriormente otro miembro de una nueva generación buscará incluir repitiendo su suerte.

Reconocer estos órdenes que gobiernan las relaciones familiares, permite restablecer el equilibrio y el orden natural en la propia vida. Para ello, es necesario reconocer quienes pertenecen al sistema agrupándolos de acuerdo a su origen, podemos comenzar por  los consanguíneos, es decir, padres, abuelos, hermanos, tíos. Las parejas sexuales (parejas previas, amantes, concubinos y esposos todos con la misma dignidad), aceptar que la vida pasa a través de una relación sexual, cuando tenemos relaciones sexuales hacemos un pacto sagrado independientemente de no estar conscientes de este hecho, reconocer que el sexo es más poderoso que el amor y que la vagina es la puerta sagrada por la que entra la vida.

Con frecuencia, las familias ocultan ciertos sucesos (suicidios, abortos voluntarios, viejos amores, crímenes, injusticias, esclavistas, proxenetas, entre otros) en un vano intento de alejarlos de la memoria familiar, sin embargo, esta queda impregnada energéticamente de estos sucesos y al no encontrar donde ubicarlos o situarlos se produce un desorden energético en la familia.

Todos aquellos que le han hecho daño al sistema familiar o  social, voluntaria o involuntariamente a través de cualquier acto que involucre deterioro para algún  miembro del sistema en cualquier generación, también pertenece a la familia o grupo y deben ser incluido, esto es duro de aceptar pero necesario para sanar y reconstruir el tejido que conserva el orden y la armonía en el sistema.

También debemos incorporar a los excluidos sociales, es decir,  aquellos que por convicción social nadie quiere aceptar ni ver (Prostitutas, borrachos, indigentes, los que no estudiaron, enfermos mentales, criminales) los podemos identificar porque tienen un rol que no le agrada a la familia, como, la amante que no queremos reconocer. Ellos forman parte del sistema, su energía permanece y las generaciones posteriores les harán un lugar hasta que sean llevados al corazón y reconocidos, nada de lo que alguien haga le puede privar de su derecho a la pertenencia. 

Reconciliarnos con nuestra propia historia familiar  implica incluir en nuestro corazón a las personas, etapas y contextos que han formado parte de nuestra vida a pesar del dolor o la vergüenza que nos ocasionaron, incluir a todos, sin excluir ninguno.

Honrar y tomar a nuestro sistema de origen significa tomarlos tal y como son, amarlos tal y como son, aceptar que No hay nada más fuerte que la familia y la tierra de origen, reconocer en nuestro corazón que nos hallamos ¡vinculados a ella y sus destinos! ¡Nosotros somos nuestra familia, somos la tierra en la que nacemos!

Asentir a la realidad tal cual es, mirando de forma amorosa, inclusiva y flexible abandonando la pretensión de cambiar la realidad, para adecuarla a una imagen que nosotros consideramos “correcta”. Dejar de lamentarse por lo que hay o por lo que pudo llegar a ser. Es decir, respetar el pasado, el presente y futuro. Reconocer que no podemos cambiar nada y que no pudimos ni pudieron los implicados hacerlo de otra manera.

Vivir en paz y armonía implica respetar nuestra propia historia y la de quienes nos rodean, mirar con respeto tanto a las víctimas como a los victimarios del sistema familiar, permitiendo lo que es y lo que fue.

Las “heridas del sistema familiar” se cierran con la reconciliación

 

Yeni Pérez

Consteladora