INCONDICIONALIDAD EN CUATRO PATAS

Análisis de la conducta de apego hacia los perros

ambar y canela 

Por: Lic. Diana Pérez Estévez

Julio, 2013

 

Hay ocasiones en las que el vínculo que se construye con una mascota prevalece por sobre las relaciones humanas, desde equivalencias emocionales entre animales y personas (“mi perro es mi hijo”, “mi perro es todo para mí”), hasta la preferencia absoluta por la tenencia de un animal, que sustituye la relación con otro ser humano (“viviré sin mi mamá y sin mi hermano, pero me llevo a mi perro”), siendo el perro un miembro fundamental de la familia, a quien se le adjudican características humanas que promueven la conducta de apego hacia el animal, gracias a la antropomorfización que se hace de éste.

¿Cuál podrá ser la razón de este vínculo?

Para los seres humanos, las primeras experiencias de relación con las personas que son significativas debido al rol que ejercen (madre, padre, cuidador, etc.) durante la niñez, determinan en gran medida la forma en que se relacionen las personas con los otros en las distintas etapas de la vida y facilitan la configuración de la percepción de sí mismo. De esta manera, la forma en que se desarrollen estas relaciones tempranas va a ser la base para la conformación de los vínculos emocionales, así como los distintos estilos de apego con los que se enfrente el día a día; los cuales tienen funciones psicológicas esenciales debido a que representan un trazo en la memoria que da un sentimiento de familiaridad con el objeto de apego.

Debe considerarse que aunque la mayor parte de los vínculos afectivos se desarrollan entre miembros de la misma especie, es posible el desarrollo de vínculos entre mamíferos, en este caso humanos y perros. Es así como diversas investigaciones se han enfocado en el estudio de la interacción con animales, encontrando que el desarrollo del vínculo entre especies presenta múltiples beneficios:

  •       Promueve la actividad física
  •       Ayuda a centrar la atención
  •       Estimula la interacción social
  •       Mejora el sentido del humor
  •        Favorece el contacto físico, el juego y las demostraciones de  afecto   tanto con el animal como con otras personas
  •       Facilita la evasión de la soledad y la depresión
  •       Favorece la independencia, el sentido de valía y utilidad para otros
  •       Desarrolla el sentido de responsabilidad
  •       Activa la motivación

Este campo de estudio ha sido favorecido en los últimos tiempos por la difusión comunicacional en televisión y redes sociales, como por ejemplo el programa televisivo “El encantador de perros”, por mencionar alguno, en donde se enseña a los dueños de perros cómo conectarse afectivamente con el animal, poniendo en práctica elementos de la psicología canina, basados en el conocimiento de la forma de comunicación del perro hacia el hombre, así como el manejo de niveles energéticos para la conexión con el animal, que se ha popularizado a nivel mundial favoreciendo el interés por su estudio.

Desde la psicología, las personas con antecedentes familiares en los que se hayan presentado conflictos y distanciamiento de las figuras significativas durante la niñez, bien sea con el padre, madre o con ambos, poseen dificultades para la vinculación positiva y armoniosa con sus iguales debido a que se produce una generalización hacia el resto de las personas, las cuales se perciben como críticas, ausentes, que emiten juicios, dañinas y vengativas, lo que conlleva a la presencia de ansiedad en el encuentro con otro, por lo que se evita el involucramiento emocional; teniendo en cuenta que dichas dificultades de vinculación pueden ser superadas durante el desarrollo de la vida.

En contraste con esta negativa percepción del ser humano, el perro pasa a ser un suplente que completa los vacíos y carencias infantiles. Así, en personas que anhelan cariño y amor incondicional, el perro resulta la pieza perfecta que ansiaban para completar un rompecabezas afectivo, convirtiéndose en sustituto de los padres emocionalmente ausentes porque están disponibles en el momento en que los necesiten de forma incondicional… un perro está siempre presente y dispuesto a demostrar amor ante pequeños gestos del amo, lo que puede entenderse como una conexión especial que no logra desarrollarse con otras personas.

El perro, a diferencia del ser humano, parece ser visto como un ser moldeable, absolutamente fiel, que se doblega y acepta en su totalidad al hombre, lo que refleja la necesidad de un objeto idealizado que esté en constante disposición sin críticas, sin opiniones diferentes. En ocasiones, la relación con el perro conlleva un involucramiento emocional que puede resultar excesivo, depositando en esta relación las emociones que se han inhibido con los humanos, debido fundamentalmente a que pueden controlarlo, sin que el perro los rechace o abandone.

Es así como el gran “amor” sentido hacia las mascotas puede ser entendido como una forma de resolver de la necesidad de contacto afectivo que requieren las personas, percibiendo al perro como un ser fiel, amoroso, protector, que no juzga, que da demostraciones de felicidad ante la presencia de las personas, que nunca abandona, que resulta inseparable y que sin importar nada, se comporta como una compañía absolutamente incondicional… como una madre perfecta!    Y si esto es así ¿Cómo no estar apegado a un ser con estas características?

 

“Cuanto más conozco a la gente, más quiero a mi perro”

Diógenes De Sinope. Filósofo Griego